Café Abisinia


50584: el número de la Victoria. Por José Félix Zaldívar

Escribo apresurado. Las imágenes que acabo de ver me impiden pensar fríamente. Soy víctima de un frenesí incontrolable y, lo más curioso, no quiero que esta sensación acabe nunca. Me explico: enciendo la televisión, y veo a Manuel Pizarro y a Esperanza Aguirre coger el metro en Alonso Martínez -la parada más cercana a la sede de Génova-, y salir en Santa María de la Cabeza -que no sé muy bien dónde queda en Madrid pero seguro que no es el barrio de Salamanca-. Como unos más; sin parafernalia, sin inauguración de por medio que justifique el uso del transporte público: unos amigos cogen el metro para ir al mercado y comprar lotería -el número 50584-, y vuelven de la misma forma que han llegado.

Cuatro años en la oposición después de gobierno no le han sentado nunca bien a nadie.

El partido, preso de la desesperación, suele cuestionarse sus más elementales signos de identidad, y corta la cabeza a la cabeza, buscando un líder que la sustituya. Pasó en UCD, pasó en el PSOE. Muchos somos los que pensamos en su momento que Rajoy, Acebes, Zaplana y compañía debían abandonar el buque, admitir su derrota y dejar paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, la tozudez y terquedad -todo hay que decirlo- de este trío parece que puede dar sus resultados:

con independencia de que nos gusten o no, dan una imagen más seria y fiable que lo que tienen enfrente, y con la ayuda del resto del equipo, la cosa funciona.

Pero sin duda alguna, si hay alguién que da confianza, seguridad, una persona que es atractiva por sus éxitos profesionales, cercana por sus actuaciones, divertida por sus intervenciones, y que nos recuerda en algunos aspectos a la mejor versión del ex-presidente bigotudo, ese es Manuel Pizarro. Manolo, turolense -sí, Teruel existe, y gracias a Dios que existe-, abogado del Estado, Corredor de Bolsa, exitoso empresario, defensor de los intereses que le han sido encomendados, responsable de sus actuaciones, frío en la crisis y cálido en el trato, sereno, listo como el hambre.

Gracias a él Mariano está feliz; gracias a él, se solventó el fondo de la cuestión Gallardón -si bien se actuó mal en la comunicación-. Gracias a él, en Barcelona algunos no piensan ya tan mal del PP -el Carmelo estuvo encendido con su aparición-. Gracias a él, podemos esperar una dedicación desinteresada económica y profesionalmente al interés general de los españoles. Gracias a él, en fin, algunos, entre los que me encuentro, creemos de nuevo en la victoria del PP.

Yo no me considero del PP. Yo soy Pizarrista.


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